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Antonio Machado y su relación con la Sierra de Guadarrama

Ya sabemos la importancia que tiene nuestra querida Sierra de Guadarrama para nuestros ganaderos y alimentos, pero ¿alguna vez te podrías haber imaginado que también tuvo su importancia en la mismísima literatura española? Sí, y concretamente estamos hablando del gran Antonio Machado. Hoy en el rincón de la carne te contamos la curiosa relación que ha tenido la sierra de Guadarrama en la vida de Antonio Machado.

Antonio Machado, uno de los poetas más venerados de la literatura española, encontró en la sierra de Guadarrama no solo un refugio físico durante su estancia en Segovia, sino también una fuente inagotable de inspiración poética. Este poeta, cuya obra es un pilar fundamental del modernismo literario en España, supo captar la esencia del paisaje y transformarla en versos que hoy son parte del canon literario español.

La relación de Machado con la sierra comenzó en 1919, cuando se trasladó a Segovia para ejercer como catedrático. Aquí, el vasto campo y las imponentes montañas se convirtieron en protagonistas recurrentes de su obra. En su prosa y poesía, Machado no solo describe el paisaje físico que lo rodeaba; también lo infundía de un simbolismo profundo, utilizando la naturaleza como un espejo de sus pensamientos y emociones más íntimas.

Por ejemplo, en su poema “La Saeta”, aunque no menciona directamente a la sierra de Guadarrama, el contexto de sus escritos durante este período refleja la profunda conexión entre su espíritu y la naturaleza circundante. Los versos «¿Quién me presta una escalera, / para subir al madero, / para quitarle los clavos / a Jesús el Nazareno?» resonaban con la majestuosidad y la solemnidad del entorno montañoso, donde la vastedad del cielo y la tierra parecen converger.

Su libro “Campos de Castilla”, aunque más centrado en las llanuras de Castilla, incluye referencias que evocan la influencia de la sierra de Guadarrama en su obra, mostrando cómo el paisaje se convierte en un personaje más de sus historias, un reflejo de la psique que pondera sobre la vida y la muerte, el paso del tiempo y la naturaleza del ser.

La sierra de Guadarrama no era sólo un fondo para su escritura, sino una presencia que se tejía a través de sus palabras, ofreciendo un escenario donde el drama de la naturaleza y el del alma humana encontraban un eco mutuo. En sus numerosos viajes desde Segovia a Madrid en ferrocarril, contemplaba la sierra y se preguntaba:

¿Eres tu, Guadarrama, viejo amigo,

la sierra gris y blanca,

la sierra de mis tardes madrileñas

que yo veía en el azul pintada?

Por tus barrancos hondos

y por tus cumbres agrias,

mil Guadarramas y mil soles vienen,

cabalgando conmigo, a tus entrañas.

Esta inusual relación entre Antonio Machado y la sierra de Guadarrama nos recuerda que la poesía y la prosa no están solo en las páginas de un libro, sino en la interacción viva entre un escritor y su mundo. Los versos de Machado siguen resonando, invitándonos a mirar nuestras propias sierras como fuentes de eterna inspiración.